18 años · CLhace 3 mess

Holaaa alguien para charlar tengo 1 menos

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30 años · PEhace 3 mess

Trabajé tres años enteros en la construcción, turnos dobles, domingos sin parar, comiendo lo justo para ahorrar cada peso. El día que junté lo necesario, entré al concesionario con las manos sudadas y el corazón latiendo fuerte. Elegí el rojo 0 km, brillante, sin un solo rayón, olor a nuevo que mareaba. Cuando firmé los papeles y me dieron las llaves, me temblaron las piernas. Lo manejé despacio hasta casa, con la radio bajita y la ventana abierta, sintiendo que por fin había llegado a algún lado. Al estacionar frente a la puerta, mi mamá salió descalza, se tapó la boca y empezó a llorar sin hacer ruido.

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23 años · SVhace 3 mess

Una tarde de verano me escapé sola a la playa cerca de casa, con los pies en la arena tibia y el celular en modo avión. Le conté todo al mar: lo que sentía por él, por qué no se lo decía nunca, cómo me dolía verlo con otra y seguir sonriendo como si nada. Las olas se llevaban mis palabras y yo lloraba bajito, pero al final me sentí más liviana. Volví a casa con la cara hinchada y el pelo lleno de sal. Nunca le conté a nadie lo que pasó esa tarde. Solo el mar sabe, y él guarda secretos mejor que cualquiera.

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27 años · CUhace 3 mess

Estaba en el parque del wifi tratando de ver a mi sobrina recién nacida por videollamada, pero la conexión se me cayó justo cuando mi hermana la enfocó. Me quedé mirando el celular en negro con unas ganas de llorar horribles. Un muchacho que estaba sentado en el banco de al lado, hablando a los gritos con su novia, me vio la cara de angustia. Sin colgar, me hizo una seña y me dictó su clave de internet ahí mismo. "Dale, conéctate rápido, asere, que los megas son para gastarlos en cosas buenas", me dijo. Pude conocer a la beba gracias a ese desconocido. En medio de tanta necesidad, la gente aquí sigue teniendo un corazón gigante.

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29 años · MXhace 3 mess

Confieso que el ascensor cambió mi semana. Vivo en un edificio chico y todos fingimos no conocernos. Un martes se trabó entre pisos y quedé con la vecina más callada. Silencio eterno… hasta que soltó: “¿Sabías que el del 5º vende postres a escondidas?”. Reímos, hablamos de todo y cuando bajamos ya éramos cómplices. Desde ese día, nos saludamos como viejos amigos y el edificio dejó de sentirse frío.

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20 años · GThace 3 mess

Corrí hasta la parada con el corazón en la boca porque llegaba tarde al examen final. El bus ya estaba arrancando, pero el chofer me vio y frenó un segundo. Subí jadeando, le di las gracias y me senté al fondo. Al lado mío iba una chica con auriculares, mirando por la ventana. No hablamos nada en todo el trayecto. Cuando bajé en la uni, ella me sonrió chiquito y dijo “suerte en el examen”. No sé cómo supo. Saqué un 18 esa vez. Todavía pienso en esa sonrisa de desconocida que me dio alas justo cuando más las necesitaba. A veces un gesto así cambia el día entero.

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25 años · DOhace 3 mess

Me gradué de abogado ayer. La gente piensa que me fui a celebrar a un restaurante fino o a una discoteca. Qué va. Salí de la universidad con el título en la mano y crucé la calle donde está don Pedro, el señor de los "frío frío" (raspados). Ese viejo me vio quemándome las pestañas en la banca de su lado durante cinco años, dándome fiado cuando yo no tenía ni un peso en los bolsillos para la merienda. Cuando vio el diploma, se le aguaron los ojos más que a mí. "Sabía que ibas a llegar, mi hijo", me dijo. Me preparó uno gigante de tamarindo y no me quiso cobrar. Ese brindis, ahí parados en la acera con el calorazo del mediodía, me supo mejor que cualquier champaña francesa.

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34 años · ARhace 3 mess

Confieso que me enamoré de una costumbre. Cada domingo, mi pareja hacía sopa “como la de su mamá”. Al inicio me parecía normal, hasta que entendí que ese era su ritual para no sentirse solo en la ciudad. Yo llegaba tarde del trabajo y ahí estaba: la olla hirviendo, música bajita y él probando la sal con cara seria. Un día falté y me mandó foto de la sopa intacta: “sin ti no sabe igual”. Desde entonces, los domingos son sagrados.

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21 años · PEhace 3 mess

Mi mamá me regaló un collarcito de plata con una virgencita cuando entré a la uni, chiquito y sencillo. “Para que te cuide cuando yo no esté cerca”, me dijo. Lo usé todos los días, hasta que una noche saliendo de la fiesta de un amigo se me enganchó en la remera y se rompió la cadenita. Las bolitas de plata se desparramaron por el piso del colectivo. Me agaché a juntarlas con las manos temblando, pero faltaban dos o tres. Volví a casa llorando bajito. Al día siguiente lo llevé a un joyero del centro para que lo arreglara. Me cobraron barato y me devolvió el collar como nuevo, pero sin las piezas perdidas. Lo guardé en la cajita de madera y no me lo volví a poner. A veces lo miro y pienso que, aunque esté incompleto, sigue cuidándome igual.

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24 años · PAhace 3 mess

El tranque en el Puente de las Américas estaba que no se movía ni un milímetro y yo tenía la entrevista de mi vida en veinte minutos. La desesperación era tanta que me bajé del bus decidido a correr bajo ese solazo. En eso, un señor en un taxi que iba vacío me pitó: "¡Sube, pela'o, que te va a dar un patatús!". Le expliqué que no tenía sencillo para pagarle la carrera completa hasta el centro. El man se rio y me dijo: "Tranquilo, fren, que hoy es por la patria; yo también fui joven y anduve liso". Se metió por atajos que yo ni conocía y me dejó en la puerta del edificio justo a tiempo. Hoy me llamaron para decirme que el puesto es mío. Ojalá me lo tope de nuevo para pagarle, aunque sea el almuerzo.

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29 años · MXhace 3 mess

Confieso que conocí a mi pareja por un error. Le mandé un audio larguísimo quejándome del trabajo… a un número equivocado. Me respondió riéndose y diciendo “ánimo, mañana será mejor”. Seguimos hablando, luego cafés, luego risas. Años después, aún se burla de ese audio y dice que así supo cómo soy de verdad.

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24 años · BOhace 3 mess

Estaba a punto de mandarle un “feliz cumple, extraño tus risas” a mi ex el día de su cumpleaños. Lo escribí, lo borré, lo volví a escribir con un emoji de torta. Al final lo dejé en borradores. Pasaron dos años desde que terminamos y todavía no lo mando. Cada tanto abro WhatsApp, veo ese mensaje viejo y pienso: “¿y si lo mando ahora?”. Pero cierro la app sin tocar nada. Es como si guardarlo ahí me diera permiso para seguir pensando en él sin tener que arriesgar que me responda… o que no responda nunca.

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34 años · ARhace 3 mess

Confieso que mi papá nunca fue de abrazos, pero todos los domingos preparaba café y se sentaba conmigo en la cocina. No hablábamos de sentimientos, solo del clima, del fútbol, de cualquier tontería. Un domingo no lo hizo porque estaba enfermo y la casa se sintió rara. Desde entonces, cada vez que huelo café recién hecho, siento que ahí está, acompañándome sin decir nada.

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26 años · HNhace 3 mess

Estaba doblando turno en el hospital, muerta del sueño y sin haber comido nada en todo el día. Eran las tres de la mañana y yo ya no daba más. En eso, se me acerca la esposa de un paciente que ingresó de emergencia. La señora, bien humildita, sacó de una bolsa una baleada envuelta en papel aluminio, todavía calientita. "Tome, doctora, pa' que agarre fuerzas, que usted nos cuida mucho", me dijo. Yo sé que esa cena le costó lo suyo, quizás era lo único que traía. Me la comí escondida en el cuarto de enfermería con un nudo en la garganta. Esa baleada me supo a gloria; no solo me quitó el hambre, me devolvió el alma al cuerpo.

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26 años · MXhace 3 mess

En el cole, mi amiga y yo nos pasábamos stickers en los cuadernos: caritas tristes, corazones rotos, gatitos con gafas. Un día le puse uno de un perrito diciendo “te extraño” en su mochila sin que viera. Pasaron los años, nos distanciamos por la uni y la vida. Hace poco la vi en un café de casualidad, nos abrazamos como si nada hubiera pasado. Al despedirnos, abrió la mochila para sacar algo y vi ese mismo sticker, viejo y descolorido, todavía pegado en el bolsillo de adentro. No dijo nada, solo sonrió chiquito. Yo tampoco. Pero ese perrito sigue ahí, como si el tiempo no hubiera borrado todo.

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29 años · MXhace 3 mess

Confieso que durante meses llamé a mi mamá todos los días a las seis de la tarde. No para contarle nada importante, solo para escucharla decir “ya llegué”. Un día no contestó. Me asusté, pero a los minutos me devolvió la llamada riéndose: se le había acabado la batería. Ese día entendí que esas llamadas tontas eran nuestro ritual, nuestro “todo está bien”. Hoy seguimos haciéndolo, aunque estemos ocupados.

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25 años · PEhace 3 mess

En el último año de la facu dibujaba retratos en los márgenes de los apuntes para no dormirme en clases. Uno era de mi novia de ese entonces: ojos grandes, sonrisa torcida, el pelo cayéndole en la cara. Lo empecé en una clase de estadística, pero nunca lo terminé porque discutimos fuerte esa misma noche y cortamos. Guardé la hoja arrugada en un cajón. Años después, sola en mi pieza, la saqué y vi que solo tenía medio rostro. Me dio risa y tristeza al mismo tiempo. La terminé esa tarde, agregándole arrugas que no tenía, canas que todavía no llegaron. Ahora está pegada en la heladera, como un recordatorio de que las cosas a veces se completan solas, mucho después.

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23 años · GThace 3 mess

Me subí a la camioneta en la capital rumbo a Xela; el bus iba a reventar de gente, íbamos como sardinas. Yo llevaba un pastel de tres leches para el cumpleaños de mi mamá, cuidándolo con la vida entre los empujones. En cada curva y cada túmulo, sentía que la caja se me iba de las manos y el pastel se iba a estropear. Una señora que iba sentada me vio sufriendo parado en el pasillo. Sin decirme una palabra, me estiró los brazos y cargó el pastel en sus piernas durante las tres horas de camino para que no se aplastara. Ni me conocía. Cuando bajé, solo me sonrió. Gracias a esa desconocida, mi vieja tuvo su pastel intacto.

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21 años · DOhace 3 mess

¿Qué hacen?

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15 años · PEhace 3 mess

Mi secreto, es que siempre me sentí insegura con los que deberían de haber sido mis amigos, siempre temía decir o hacer algo que les molestara o que hiciera que se rieran de mí. No se lo he comentado a nadie, y a demás me cuesta mucho conservar mis amistades. Conozco a mucha gente, pero no sé cómo hacer para que los amigos me duren. P.D. En realidad soy de España

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