28 años

Perú

Mi gran pasión siempre fue pintar cerámica, y después de separarme, me inscribí en un taller comunitario para sanar. Elegí tonos muy específicos: un turquesa brillante y un amarillo mostaza, que se convirtieron en mi sello. Unos meses después, la esposa de mi ex, con quien compartimos un cír*** social limitado, apareció en el mismo taller. No dijo nada, pero se instaló en la mesa de enfrente. En lugar de desarrollar su propio estilo, empezó a usar exactamente mi paleta. Pintaba sus tazas y platos con mi turquesa y mi mostaza. Era tan obvio que hasta la profesora nos miraba incómoda. La burla no fue el plagio, sino el momento en que me la encontré en el supermercado, y vi que llevaba puesta una bufanda con ese exacto patrón de colores. Sentí una mezcla de rabia y lástima. Me di cuenta de que, sin grandes lujos que exhibir, su única forma de sentir superioridad era parasitar mi identidad, esperando que mi ex viera esos colores y, por un segundo, dudara de quién era la original.

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