25 años
Cuba
Estaba en la sala de espera pre-operatoria, furioso por mi tobillo roto. A mi lado, un hombre joven, con una cicatriz antigua en la mejilla, reía a carcajadas contando chistes a la enfermera, hablando de la parrilla que haría al salir. Yo le dije, irritado: '¿Cómo puede estar tan alegre con lo que nos espera?'. Él solo sonrió y dijo: 'Hermano, la vida es una tómbola, hay que reír hasta que te toque el premio gordo'. Entró a cirugía antes que yo. Mi operación fue rápida y exitosa; al volver a la sala, estaba eufórico. Pero el silencio de la cama de al lado me golpeó. La enfermera, con los ojos hinchados, me dijo que la operación del otro paciente se complicó y no lo logró. El contraste me destrozó: yo, el amargado que renegó con la vida, estaba vivo y curado; él, el alegre, había perdido su 'premio gordo'.