25 años
México
Han pasado dos años desde que mi novio se fue con Dios, y todavía no sé cómo ‘seguir adelante’ como todos dicen. Estuvimos cinco años juntos, con una rutina sencilla pero llena de amor: cenar, reír, acompañarnos en todo. Un mes antes de irnos de viaje, empezó con dolores en el pecho. Decía que era estrés… hasta que una noche, en mi casa, se desvaneció. Lo vi partir sin poder hacer nada. Desde entonces, todos me dicen que soy joven, que debo avanzar, que la vida sigue. Pero nadie sabe lo que se siente llegar a casa y ver su taza, escuchar una canción, abrir un cajón y sentir que todo sigue ahí… menos él. Yo no perdí solo a un novio. Perdí a la persona con la que estaba construyendo un futuro. A veces río, trabajo, salgo… pero en las noches me pesa más. Y no es que no quiera amar otra vez; es que aún no sé cómo entregar el corazón sin sentir que traiciono lo que tuvimos. Todos dicen que ya es hora de avanzar… pero avanzar duele cuando el amor no se fue; solo la persona