26 años

Perú

Mi compañero de oficina, un hombre desagradable que siempre robaba mi café, llegó a un nuevo nivel de irritación al dejarme una nota pasivo-agresiva sobre el uso de la fotocopiadora. En la tarde esperé a que se fuera y discretamente cambié el idioma de su ordenador al chino, un idioma que él no conocía. A la mañana siguiente, escuché su frustración y sus gruñidos mientras intentaba cambiar la configuración. No fue ético, pero la pequeña e inofensiva venganza fue una satisfacción ridícula que me esta ayudando a sobrevivir el resto de la semana.

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