29 años
España
Estaba por primera vez en una importante reunión de negocios, y me había esforzado mucho en aprender las reglas básicas de etiqueta. Al conocer al Sr. Tanaka, en lugar de extender la mano, hice una reverencia profunda, justo como había practicado. El problema surgió cuando el Sr. Tanaka, tratando de ser cortés, me devolvió el saludo con un apretón de manos enérgico que terminó con nuestras cabezas chocando y mi maletín cayendo al suelo. Ambos nos inclinamos repetidamente para disculparnos, él por el apretón de manos, yo por la colisión, hasta que terminamos en un ridí*** y repetitivo baile de reverencias y disculpas que duró medio minuto.