24 años
España
Mi miedo a volar me paralizó por años, haciéndome rechazar eventos importantes, pero cuando mi hermana se casó en otro continente, supe que debía ir, compré el boleto aterrorizado, convencido de que sería una tortura, al despegar, en lugar de pánico, me obligué a mirar por la ventana, mientras el avión ascendía, y vi las nubes bajo mí, comprendí que la fobia era solo una prisión mental, el alivio y la libertad que sentí al llegar a mi destino fueron la victoria más dulce, demostrando que el miedo más grande estaba en mi cabeza, no en el cielo.
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