24 años
Perú
Desde el momento en que lo sostuve, supe que algo estaba mal por su respiración débil. Lo siguiente fue una desesperada carrera de hospital en hospital, viviendo semanas en salas de espera mientras buscábamos al especialista que pudiera salvarlo. Agotamos todas nuestras fuerzas y esperanzas, viajando entre ciudades y rezando por un milagro mientras lo veíamos conectado a tubos. Pero la medicina no pudo vencer su condición. Cuando las máquinas se detuvieron, el silencio fue la confirmación más brutal; regresamos a casa sin nuestro bebé, solo con la certeza de que, a pesar de haberlo dado todo, nuestro amor incondicional no fue suficiente para ganarle la batalla a la vida