20 años

Honduras

Anoche, mientras esperaba mi combi y ya renegaba por el tráfico, un señor mayor comenzó a cantar boleros con una voz que parecía de radio antigua; la gente, sin darse cuenta, empezó a sonreír; una pareja se tomó de la mano, una niña se puso a bailar, y yo, que estaba cansada y molesta, terminé aplaudiendo; fue raro, pero ese momentito improvisado en plena avenida me arregló el día entero.

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