23 años
México
Cuando tenía 19, mi papá se enfermó. No teníamos dinero para hospitales privados, así que yo dejé la universidad y empecé a trabajar en lo que fuera. Vendí dulces, lavé coches, hice entregas. Me daba vergüenza al principio, pero cada vez que veía a mi papá sonreír, se me pasaba. Un día, mientras lo ayudaba a caminar, me dijo: No sé cómo agradecerte, Mijo. Yo solo le dije: No tienes que hacerlo. Tú me enseñaste a no rendirme. Yo solo estoy aplicando la lección. Hoy tengo mi propio negocio. Volví a estudiar. Y cada vez que me preguntan cómo lo logré, pienso en ese momento. En que a veces, crecer no es avanzar. Es sostener.
5