20 años
Perú
Crecí en una habitación que alquilábamos entre cinco; cuando llovía, el techo goteaba y poníamos baldes mientras mi mamá fingía que era normal. Muchas veces fui al colegio sin desayunar y aprendí a decir “no tengo hambre” para que mis hermanos menores comieran más. A los 14 años empecé a trabajar cargando bolsas en el mercado y algunos compañeros se burlaban de mi ropa gastada, pero lo que más dolía era llegar a casa y ver a mis padres preocupados contando monedas para el alquiler. No soñaba con lujos, solo con un día en que mi familia pudiera dormir tranquila sin deberle a nadie.
0