23 años

Nicaragua

Trabajo en un call center y aquí la mayoría pide comida rápida o "delivery" todos los días. Yo, para ahorrar, llevo mi paila con lo que sobra de la cena. Hoy llevaba gallo pinto con queso frito y maduro. Me daba pena abrir el traste porque olía fuerte y pensé que se iban a burlar. La chavala más "fresa" y arreglada de la oficina se acercó arrugando la nariz. Yo ya me esperaba el comentario pesado, pero se quedó viendo mi comida y soltó: "Ideay, qué rico se ve eso, daría lo que fuera por un gallo pinto casero así". Me ofreció cambiarme su hamburguesa cara por mi comida. Al final, lo que yo escondía por pena, resultó ser el verdadero lujo del comedor.

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