32 años

México

Mi mamá limpiaba casas desde las 5 a.m. y siempre decía “algún día vas a vivir mejor que yo”. Yo me hacía la dormida cuando salía, pero la escuchaba cerrar despacito. Años después, el día que me gradué, llegó tarde y con el uniforme puesto. Cuando dijeron mi nombre, no aplaudió: se puso a llorar como niña. Al salir me dijo “perdón por no darte más”, y yo entendí todo. No me dio lujos, me dio fuerza. Hoy trabajo en lo que soñé y cada quincena la llevo a comer donde quiera. Orgullo puro.

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