23 años

México

Mi mamá nunca terminó la secundaria y siempre trabajó limpiando casas. Cuando me vio subir al escenario a recoger mi título universitario, lloró como niña. Me apretó la mano y dijo bajito: “Todo valió la pena”. Ese día entendí que mi logro también era suyo, y que su orgullo pesaba más que cualquier diploma.

3
Siguiente

Comentarios (0)